¡Hola! Soy Pablo Fuente y agradezco que te hayas detenido aquí para compartir este momento conmigo.
Desde muy niño comprendí que la vida se viste de sorpresas inesperadas. A los cinco años, una mutación genética alteró el riego de mi cadera y me llevó a una silla de ruedas con un aparato ortopédico (un bitutor) muy parecido al que llevaba Forrest Gump.
Recuerdo que mi abuelo, genio y figura, convirtió mis dos piernas escayoladas en un improvisado trapecio-columpio. Y que mi hermana, conociendo mi afán por lo extremo, un día impulsó mi silla a tal velocidad que salí despedido por el aire—una de mis dieciocho brechas en la cabeza, para el recuerdo.
En 2003 me enfrenté a uno de los retos más duros de mi vida: durante tres años, sufrí crisis de pánico diarias sin una causa clara. Fue entonces cuando apareció Olga, una gran profesional que me propuso algo simple pero decisivo: “Empieza a moverte, vete de papelera en papelera”.
Así fue como empecé a correr. Primero unos metros, luego un poco más. No se trataba de batir récords, sino de recuperar el aire, el pulso, la confianza. Desde entonces, correr fue solo el primer paso para cambiar mi forma de mirar el mundo: con curiosidad, con pasión y con el impulso constante de ir un poco más allá.
He cantado en un musical en Broadway, bailado ante 15.000 personas en un espectáculo del Circo del Sol, participado en programas de televisión de gran audiencia, completado cuatro Campeonatos del Mundo de triatlón de larga distancia, vivido en trece países, recorrido más de cincuenta, y colaboro como guía para atletas con neurodivergencias.
Esa curiosidad insaciable por entender el mundo me llevó a crear Radio El Respeto y Órbita Infinita, dos espacios donde comparto historias fascinantes sobre ciencia, exploración y los grandes desafíos de nuestro tiempo. Hablamos de lo que ocurre aquí —en la Tierra—, pero también de lo que está por venir allá arriba, en el espacio.
La pasión por la radio me acompaña desde niño. Recuerdo aquellas noches en las que encendía el transistor a escondidas para escuchar a los grandes locutores. Aquel sonido, aquellas voces, encendieron algo en mí que todavía hoy me impulsa.
No estudié periodismo —soy economista—, y a veces lamento no haber hecho de la radio mi camino académico. Pero quién sabe… algún día quizá salde esa deuda conmigo mismo. Mientras tanto, sigo preguntando, escuchando y compartiendo aquello que de verdad importa.
Actualmente vivo y trabajo en Estados Unidos, en un entorno empresarial exigente que me ha enseñado mucho y me ha permitido alcanzar metas profesionales de las que me siento orgulloso.
Pero no diría que eso es lo que me define como alguien “exitoso”. Si me siento afortunado es por haber dado pasos firmes, guiado siempre por la curiosidad y el deseo constante de superación. Y nada de eso habría sido posible sin el amor y el apoyo incondicional de mi mujer y de mi familia.
Creo profundamente que la vida nos regala momentos extraordinarios. Nuestra misión es saber reconocerlos, inspirarnos los unos a los otros y contagiar el entusiasmo por explorar. Porque cuando nos atrevemos a mirar más allá de lo conocido, descubrimos que lo extraordinario está mucho más cerca de lo que imaginamos.
Bienvenido a mi mundo, donde cada paso —por pequeño que parezca— es una invitación a descubrir, aprender… y cumplir sueños.

El Dr. José Miguel Gaona es psiquiatra forense. Ha peritado algunos de los crímenes más difíciles de explicar de este país y, a la vez, es uno de los pocos médicos que ha estado dentro de exorcismos reales, tras formarse en el curso para exorcistas del Vaticano en Roma. Su último libro, «Posesión: Un viaje profundo entre la ciencia y el misterio de los exorcismos»(https://amzn.to/3ThBoqG), no va, en realidad, de demonios: va de la mente humana, del mal y de esa frontera incómoda en la que la ciencia se queda sin palabras.
En esta conversación hablamos del cerebro que fabrica sus propios fantasmas: epilepsia, disociación, criptomnesia, parálisis del sueño, del «casco de Dios» que él mismo se puso en el laboratorio de Persinger, de la banalidad del mal de Hannah Arendt y del caso de Pioz, del libre albedrío de Libet, y de los casos que, siendo un escéptico riguroso, reconoce no poder explicar.
Y de una pregunta que lo atraviesa todo: ¿el mal está fuera de nosotros, o dentro?
Una charla larga, sin prisa, entre la neurociencia y el misterio, con un hombre que ha aprendido a mirar el mal de frente sin apartar la vista.
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